“Legend of Zelda es el Bohemian Rhapsody de los videojuegos”

Candy Crush es como el Gangnam Style. Así lo cree Mike Foster, gerente de relaciones con desarrolladores para Latinoamérica de Playstation, quien por cuarta vez vino al país a mapear el talento colombiano para crear juegos electrónicos.

"Legend of Zelda es el Bohemian Rhapsody de los videojuegos"
"Legend of Zelda es el Bohemian Rhapsody de los videojuegos"

Mike Foster, antes que nada, es un gamer. Recuerda haber crecido rodeado de videojuegos en su casa, y por eso se le hace extraño que su hermano y su hermana no lo sean. Desde 1995 trabaja con Playstation, adonde llegó cuando la consola todavía no había salido al mercado. Su trabajo era el que probablemente muchos gamers sueñan: probar videojuegos.

#Mis amigos me decían: “qué bien por ti que te pagan por jugar””. Pero no era tan así. Foster asegura que él también soñó con ese empleo, pero, sin desconocer lo mucho que lo disfrutó, cuenta que es más difícil de lo que parece. “Tienes que encontrarle el punto de quiebre, los errores. Debes jugar el mismo juego por semanas, muchas horas al día”.

Hoy Mike Foster viaja por Latinoamérica cazando talentos. Es el encargado de encontrar brillantes desarrolladores de videojuegos, para que puedan entrar al programa de incubación que tiene Playstation. La compañía les presta, sin revelar cuánto se invierte, un kit, un hardware, que haga realidad la idea que tienen en la cabeza.

En la región, Foster asiste a eventos por el estilo del Festigame Chiclets, que este año reúne a fanáticos de los videojuegos en Bogotá del 7 al 9 de noviembre. Allí, se conoce con desarrolladores jóvenes, “que están haciendo juegos móviles o para PC, y que están listos para dar el paso al siguiente nivel: desarrollar juegos para consolas”.

Una vez reclutados, estas personas brillantes reciben el kit sin costo, y “cuando vemos que están mostrando gran habilidad con el hardware, les damos licencia completa para que puedan terminar de desarrollar el videojuego”.

Foster vino por primera vez en el 2007, a “explorar el paisaje”. Él y su amigo con el que viajó no sabían mucho de cómo iba el desarrollo en Latinoamérica. “Fuimos a eventos en Brasil y Argentina. Nos presentamos y nos gustó lo que vimos”. Según él, hay mucha pasión y emoción por esa industria en este lado del continente.

“Vinimos en el 2008 otra vez y empezamos a trabajar en el programa de incubación. Nos llevó dos años gestar el proyecto, conseguir recursos y lanzarlo”, cuenta. Lo siguiente fue darse a conocer, que los desarrolladores que asistieran a los eventos supieran que ellos iban a estar ahí. “El primer año tratamos de buscar desarrolladores. Ahora ellos nos buscan a nosotros”.

Es también un poco un ‘voz a voz’. “Los desarrolladores con los que trabajamos nos recomiendan a otros”. Actualmente trabajan con 130 desarrolladores de 12 países de la región, de los cuales la mayoría está en Brasil, con 52. En Colombia hay 14.

De hecho, la semana pasada se lanzó el primer título autopublicado de desarrolladores colombianos, Poltergeist, un juego que ya había ganado $40 millones en el concurso de Square Enix, la empresa japonesa, en 2012. (Vea: http://www.elespectador.com/tecnologia/videojuegos-colombiana-articulo-502018)

Foster dice estar “muy orgulloso de estos chicos”. Ha visto crecer el talento en la región y cómo se pasó de desarrollar productos elementales en Flash hace unos años a juegos en 3D, “bellísimos”. Sin embargo, una de las sorpresas que se llevó desde el principio fue no haber visto un factor diferenciador en los videojuegos latinoamericanos.

“Están haciendo juegos más globales”. Aquí no pasa lo que en otros países. “Cuando tú ves un juego japonés sabes que es un juego japonés, y lo mismo con los europeos. Tienen un cierto tipo de arte por el que se inclinan”. Pero no en Latinoamérica. Según él, porque han absorbido de otras partes la forma de concebir la industria. Lo único que, ha visto, aprovecha las raíces de la región son proyectos en Brasil que echan mano de la cosmovisión indígena.

Y quizás por eso mismo cree que los videojuegos son un factor que une. “No es una restricción cultural. Hablo con la gente aquí y me doy cuenta de que jugamos los mismos juegos mientras crecimos. Todos hemos sido criados con eso”.

En su opinión, los juegos son tan universales y cautivadores porque, a diferencia de otro tipo de entretenimiento como el cine, permiten que uno se involucre y por un ratico sea el protagonista. “Es muy gratificante”. Es también una película que no acaba, se puede jugar una y otra vez. Foster dice que la capacidad de ‘enganche’ de un videojuego se puede comparar con las canciones.

Un juego regular “lo describo como una canción pop simple, como Gangnam Style: fue divertido un momento, pero ya fue”. Luego está una canción como Bohemian Rhapsody, de Queen, escrita hace 40 años y que “todo el mundo conoce. Sin importar el idioma, todos se saben la letra porque es un clásico”. Lo ideal para un videojuego es que pase como con la música. “Que pienses en esa canción y digas: la quiero poner”, que en 40 años alguien recuerde el videojuego y diga: “lo quiero jugar”, como sucede con Legend of Zelda.

Para él, Candy Crush es como el Gangnam Style: fue chévere una temporada pero en unos años nadie lo recordará. Foster, sin embargo, no tiene el secreto para tener una idea ganadora. “Si la tuviera sería millonario”, y se ríe. Pero sabe que el principal ingrediente es trabajarlo con pasión. “No hay fórmula. Nunca me hubiera imaginado que un juego como Flappy Bird o Farmville tendrían tanto éxito”. El todo es no copiarse de las ideas de otros y seguir adelante si después de preguntarse “¿haría esto aunque no me pagaran?” la respuesta es “sí”.

Foster también es músico. Toca el piano y la guitarra. No tiene banda, pero de vez en cuando se reúne con sus amigos a tocar. Su grupo favorito, por si las dudas, es Queen, y de las contemporáneas, le gusta The Offspring. Asimismo disfruta leer y, no en vano, Robert R. McCammon, que escribe terror y ciencia ficción, es su autor preferido.

Su hija, próxima a cumplir 18, también es gamer y le gusta leer. Foster siempre le dijo “primero la tarea y luego el videojuego”. Y aunque cree que es muy personal la forma en que los padres crian a sus hijos, le parece reprochable que culpen a los videojuegos por malas calificaciones o comportamiento. “Se quitan su responsabilidad como padres”.

En su casa tiene un Nintendo, como buen gamer. Un fanático de verdad “tiene un Nintendo y otra cosa, Xbox o Playstation”, porque sólo Nintendo tiene clásicos como Mario y Legend of Zelda. Él, por lo menos, tiene un Xbox 360, las primeras generaciones de Playstation, Playstation 4, Playstation Vita, Nintendo Wii U, y dice que no tiene el más reciente Xbox porque no ha visto ningún título exclusivo por el que crea se deba invertir.

Su juego favorito, tetris.

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